El espíritu de la época tiene la forma de un oxímoron: el futuro está de vuelta. La intensidad y profundidad de los cambios, así como las incertidumbres y desafíos, han revivido una antigua preocupación ética e intelectual sobre el futuro de las sociedades.
Esa preocupación alienta los esfuerzos colectivos por tratar de comprender los problemas globales, con el propósito de formular propuestas que permitan incidir deliberadamente en la construcción de los mejores futuros posibles.